domingo, 14 de agosto de 2016

De Modiano a grande

Patrick Modiano nació en Boulogne-Billancourt, un barrio suburbano de París, en julio de 1945, dos meses después de que la Segunda Guerra Mundial llegara a su fin. Su padre, de origen ítalo-judío había conocido a quien luego sería su madre -una actriz belga- durante la Ocupación de París, impregnando en Patrick una vida a la altura de las circunstancias. Todo esto –el judaísmo, la pérdida de la identidad, la ocupación nazi– serían luego los temas recurrentes a la hora de la escritura: la materia para intentar aplacar la obsesión que recorre su historia. A los 20 años, y gracias a un amigo de su madre, el escritor Raymond Queneau, logra presentar sus manuscritos en la célebre editorial Gallimard. Queneau los había leído y era un manifiesto admirador del joven Modiano. De algún modo, su comienzos literarios emulan un cuento de hadas o una película de Doris Day. Sin embrago, Modiano tenía, sin duda, un talento inigualable en el modo de contar. Esto le valió una pronta publicación. Y llegó la Trilogía de la Ocupación, con las novelas El lugar de la estrella, La ronda nocturna y Los paseos de circunvalación, que obtuvo el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1972. Con 27 años, el joven Patrick empezaba el largo camino de las premiaciones. En 1978 y gracias a La calle de las tiendas oscuras, vuelven a destacarlo, esta vez con el prestigioso Premio Goncourt. Y nuevamente se zambulle dentro de las mismas resonancias que lo desvelan: un detective que pierde la memoria y se empeña en recuperarla. El siglo XXI le traería nuevas alegrías, antes del aplaudido Nobel. En 2012 ganó el Premio del Estado Austríaco de Literatura Europea. Ya entonces, aunque en las sombras, el Nobel estaba germinando. Pero, a su favor, hay que decir que el hombre nunca se durmió en los premios. Publicó ininterrumpidamente cerca de treinta novelas. Incluso, una salió unos días antes de que le otorgaran el Nobel: Pour que tu ne te perdes pas dans ton quartier (Para que no te pierdas en el barrio). De nuevo el tema de la infancia y con una cita de Stendhal para el inicio: “No puedo ofrecer la realidad de los hechos, tan sólo puedo presentar la sombra”. Sus libros, en general, tienen entre 130 y 150 páginas y siempre son variaciones sobre el mismo objeto: la identidad, la memoria y el tiempo. También ha escrito literatura infantil y guiones de cine, pero su fuerte son las novelas. En estos tiempos, donde lo instantáneo le gana la partida a lo profundo y la liquidez es el concepto que prima, parecería que el trazo de Modiano viene como anillo al dedo. No es para nada difícil de leer. Parece muy simple en cierto sentido, porque tiene un estilo muy refinado, simple, directo y claro. Abrís una página y ves que es Modiano: oraciones cortas, muy directas, sin adornos… pero es muy sofisticado dentro de esa simpleza.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Che Guevara: reseña biográfica

Ernesto Che Guevara nació en Rosario, Argentina, en una familia acomodada, y estudió Medicina. Su militancia izquierdista le llevó a participar en la oposición contra Perón; desde 1953 viajó por Perú, Ecuador, Venezuela y Guatemala, descubriendo la miseria dominante entre las masas de Latinoamérica y la omnipresencia del imperialismo norteamericano en la región, y participando en múltiples movimientos contestatarios, experiencias que le inclinaron definitivamente a la ideología marxista. En 1955 conoció en México a Fidel Castro y a su hermano Raúl, que preparaban una expedición revolucionaria a Cuba. Guevara trabó amistad con los Castro, se unió al grupo como médico y desembarcó con ellos en Cuba en 1956. Instalada la guerrilla en Sierra Maestra, Guevara se convirtió en lugarteniente de Castro y mandó una de las dos columnas que salieron de las montañas orientales hacia el Oeste para conquistar la isla. Participó en la decisiva batalla por la toma de Santa Clara (1958) y finalmente entró en La Habana en 1959, poniendo fin a la dictadura de Batista. El nuevo régimen revolucionario concedió a Guevara la nacionalidad cubana y le nombró jefe de la Milicia y director del Instituto de Reforma Agraria (1959), luego presidente del Banco Nacional y ministro de Economía (1960) y, finalmente, ministro de Industria (1961). Buscando un camino para la independencia real de Cuba, se esforzó por la industrialización del país, ligándolo a la ayuda de la Unión Soviética, una vez fracasado el intento de invasión de la isla por Estados Unidos y clarificado el carácter socialista de la revolución cubana (1961). En aquellos años, Guevara representó a Cuba en varios foros internacionales, en los que denunció frontalmente el imperialismo norteamericano. Su inquietud de revolucionario, sin embargo, le hizo abandonar Cuba en secreto en 1965 y marchar al Congo, donde luchó en apoyo del movimiento revolucionario en marcha, convencido de que sólo la acción insurreccional armada era eficaz contra el imperialismo. Relevado ya de sus cargos en el Estado cubano, el Che Guevara volvió a Latinoamérica en 1966 para lanzar una revolución que esperaba fuera de ámbito continental: valorando la posición estratégica de Bolivia, eligió aquel país como centro de operaciones para instalar una guerrilla que pudiera irradiar su influencia hacia Argentina, Chile, Perú, Brasil y Paraguay. Al frente de un pequeño grupo intentó poner en práctica su teoría, según la cual no era necesario esperar a que las condiciones sociales produjeran una insurrección popular, sino que podía ser la propia acción armada la que creara las condiciones para que se desencadenara un movimiento revolucionario (Guerra de guerrillas, 1960; Recuerdos de la guerra revolucionaria, 1963). Sin embargo, su acción no prendió en las masas bolivianas; por el contrario, aislado en una región selvática en donde padeció la agudización de su dolencia asmática, fue delatado por campesinos locales y cayó en una emboscada del ejército boliviano en la región de Valle Grande, donde fue apresado herido y luego fusilado.

sábado, 6 de agosto de 2016

"Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick; 1928-1982" de Emmanuel Carrère

Su madre lo trajo al mundo en Chicago, un 16 de Diciembre del año 1928, además de a una hermana melliza, Jane. Con apenas cinco semanas de edad, un inspector de la compañía de seguros que recién había contratado su padre,Joseph Edgar Dick, fue a hacer una visita a la familia que acaba de nacer. Con horror contempló cómo los pequeños mellizos se encontraban seriamente desnutridos y heridos, con evidentes señales de abandono. De inmediato los llevó al hospital, aunque lamentablemente nada se pudo hacer por la pequeña Jane que falleció de camino.

Pese a las escasas cinco semanas con las que contaba por aquél entonces, Dick quedaría profundamente marcado por esta tragedia, que resurgiría una y otra vez en su vida, sus relaciones y como es lógico, en su producción artística, dando origen al tópico del 'gemelo fantasma'. Después de divagar un par de años entre Washington D.C. y California, de contemplar la ruptura de sus padres, y de instalarse finalmente en ésta última bajo la tutela de su madre, comenzaría por fin a dar señales de lo que sería el día de mañana. Un genio para algunos, un chiflado para otros, cultivando sus pasiones o sus obsesiones. La música y la literatura.

“Siempre se había negado a aceptar, con todo su ser, la idea de que el azar fuera el motor de lo que le sucedía, una danza de electrones sin coreógrafo, o una serie de combinaciones aleatorias. Para él, todo tenía que tener un sentido. Había vivido y explorado su vida según este postulado. Ahora bien, a partir de la idea de que existe un significado oculto en todo lo que sucede, caemos fatalmente en la idea de que también existe una intención. Cuando alguien intenta ver su vida como una trama, pronto ve también en ella la ejecución de esa trama, y acaba preguntándose quién la ha tramado. Esta intuición, que todos más o menos compartimos, más o menos vergonzosamente, alcanza su plenitud en dos sistemas de pensamiento: El de la fe religiosa y el de la Paranoia. Y Dick, por haber experimentado las dos dudaba cada vez más que existiera alguna diferencia entre ambas.” Pag. 217.

Abandonó los estudios universitarios que cursaba, y encontró trabajo en una tienda de discos donde dio rienda suelta a su curiosidad por la música hasta 1952. De esta fecha en adelante, durante treinta años de forma casi ininterrumpida, no se dedicó a otra cosa que escribir. Acribillado por las preguntas sobre su pasado, y por algún que otro episodio de auténtico terror psicológico fueron esbozándose los límites entre los que habría de asentarse su amplísimo legado.

Cualquiera que no estuviera advertido del estilo phildickiano -Término que se hizo famoso en la contracultura californiana de aquellos años- leería un relato corto, un cuento, o una novela suya sin atisbar más que una imaginación prodigiosa y un talento para enredar más allá de los límites meramente estéticos, los avatares de los desdichados personajes. En el fondo, el profundo anhelo que sentía Phil en su fuero interno emanaba en cada palabra y cada acto que llevó a cabo. Sus interlocutores lo defendían, a sabiendas, de sus 'pequeñas idiosincrasias' -como diría Robin Williams haciendo de Psicólogo en 'El indomable Will Hunting' (1997) de Gus Van Sant- por las que tantos lo criticaron, diciendo, que pese a todo, había pocas cosas comparables a una conversación con él. Era, como él mismo dijo, “una rata” que no dejaba de escurrirse en argumentos, reflexiones, contradecirse y volver a contradecir aquello con lo que acaba de oponerse a lo que había defendido antes -por si no ha quedado claro- y todo ello, motivado por ese profundo anhelo de encontrar un sentido, que todos más o menos compartimos, más o menos vergonzosamente.

1974 sería el año en que Nixon abandonaría la Casa Blanca; el año en que el escritor Ruso Alexander Solzhenitsinsería desterrado y finalmente, el año en que, entre Febrero y Marzo, Dick viviría uno de los episodios, sino el más, importantes de su vida. Después de recibir una dosis de Pentotal Sódico -suero de la verdad- en el dentista y volver a su apartamento, una mujer, joven, conocida, le llevó una caja de Darvon -un opiáceo- para aliviar el dolor. Al abrirle la puerta observó que ésta llevaba un collar con un símbolo del cristianismo perseguido. Un pez dorado. Al verlo, P. K. Dick tuvo una revelación. Pudo ver por anamnésis o intuición intelectual, la verdadera realidad detrás de las cosas.

Los últimos ocho años de su vida los pasó investigando la historia de la filosofía y la teología, redactando un diario oTractate, una Exégesis, de más de 8000 páginas en los que teorizaba sobre los acontecimientos que había experimentado por aquél entonces. De todo este flujo de conocimientos se puede extraer una visión gnóstica que separa el mundo en dos realidades, una aparente y mecánica, y otra oculta y divina, que sería aprovechada, desvirtuándola y tergiversando el mensaje phildickiano, tanto por los teóricos de la conspiración como quienes impulsaron en torno a aquéllos años el surgimiento de la cultura new-age.


Retrato de Philip K. Dick.

“La luz del Sol es preferible a la artificial, pero la luz artificial, es preferible a la oscuridad.” Pag. 275.

Sus últimos años, siendo ya un escritor reconocido, los pasó, como era costumbre en él, confuso. Iba a rodarse la primera adaptación cinematográfica basada en una obra suya, 'Do Androids Dream Of Electric Sheep?' (1968) que se titularía simplemente 'Blade Runner' dirigida por Ridley Scott (1982) y que sería considerada con el paso de los añospelícula de culto. Triunfó al final. Aunque como él mismo diría en su novela V.A.L.I.S. refiriéndose a su protagonistaAmacaballo Fat, el triunfo “llegó tarde”, no sabía qué hacer con los beneficios que le reportaba su intensa actividad literaria, que comenzaba a traducirse a varios idiomas, así que donó la mayoría, y lo peor aún, seguía sin tener del todo claro qué era lo que había visto o si era siquiera real. Sólo él lo sabe a estas alturas, o no.

Emmanuel Carrère nos lleva por la vida convulsa y frenética de Dick aportando la pausa suficiente y necesaria, de forma amena y dando las claves fundamentales que nos permiten comprender de forma más profunda y completa la obra del torturado escritor. No sólo es una magnífica biografía sobre la vida de un hombre inconmensurable.

Carrère construye esta biografía sobre varios pilares que se entrelazan y alternan de forma continua. Primero, la biografía del autor: tomando como mimbres los hechos más relevantes de su vida, los acontecimientos más destacados e ilustrativos de su forma de entender la realidad y la literatura, junto con las personas que convivieron y contribuyeron a hacer de él quien fue. Segundo, su obra, pues dentro de cada período vital se comentan sus novelas y relatos más conocidos, se describen argumentos, se reproducen diálogos, y se contextualizan los distintos períodos creativos que Dick tuvo que –a veces de forma muy dolorosa- atravesar. Tercero, los recuerdos y las vivencias de otras personas, que completan la visión de quien era Philip K. Dick. Y en cuarto lugar, una tendencia omniforme a echar a volar la imaginación creativa de Carrère para interpretar acontecimientos de la vida de Dick, convirtiendo la opinión personal en parte del retrato del autor. 

En cuanto a la biografía, se hace especial hincapié en las consecuencias que provocó en la persona de Dick su vida familiar tanto de adolescente como de adulto. De adolescente, la pronta marcha de su padre y la fuerte personalidad (que se caracteriza como de ‘castradora’) de su madre; así como la muerte de su hermana, a las pocas semanas de nacer y como consecuencia de una decisión expresa de su madre de no darles de comer, explican en parte la fuerte frustración y sensación de pérdida que lo acompañaron. De adulto, la proyección del adolescente se refleja en sus caóticas relaciones con sus numerosas y distintas esposas, con sus desconcertados amigos, o con aquellos que, en cada momento de su vida, pasaron y fueron importantes como confidentes, como perseguidores, como críticos o como admiradores. Todos ellos, por lo menos los más importantes, aparecen aquí de una u otra forma. Y ese es uno de los principales valores de esta biografía. 

Valioso es también el repaso a las obras más populares de Dick. Aquellos que todavía no la conozcan, sin duda, encontrarán en los argumentos, los diálogos, las reflexiones y los contextos creativos que se introducen en esta biografía, los motivos necesarios bien para decidir el introducirse en ella, bien para huir aspaventado –porque Dick es un escritor extremo, que o se quiere o se odia. Encontraremos en Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos extensas referencias en detalle a Los clanes de la luna Alfana, El hombre en el castillo, Los tres estigmas de Palmer Eldricht, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Ubik o Una mirada en la oscuridad, entre otras. Si bien, claro, es muy complicado encontrar un catálogo lo suficientemente extenso como para abarcar la amplia y completa obra de Philip K. Dick. Esta biografía no es una de esas rara avis. Y el lector dickiano debe esperar todavía un poco más para encontrarla. (Por cierto, ¿quién tendrá el valor de enfrentarse a ese ingente trabajo?).

En cuanto a las personas que fueron relevantes para él, son numerosas las que aparecen aquí: desde su madre y su omnipresente hermana; a sus importantes esposas (cada una de ellas fueron relevantes, dentro de su distinta idiosincrasia personal, de una forma u otra); pasando por los gurús de diverso pelaje; los obispos y padres que sufrieron sus constantes dudas teológicas y metafísicas, junto a su proyección sobre el constante debate teleológico en Dick sobre el fin de la realidad y sus causas; así como otras muchas personas que lo conocieron y formaron parte de su vida.

Pero, si sus pinturas y pinceles son muy útiles para dibujar una correcta idea de cómo era Philip K. Dick, ser complejo y poliédrico, persona además de escritor; ni la precisión del pulso, ni el marco, son los correctos para dotar a ese cuadro de una adecuada verosimilitud. La imaginación de Carrère vuela en demasiadas ocasiones, y en demasiados puntos, como para que algunos de los pasajes –dejo la cantidad relativa a la valoración del lector- puedan llegar a ser creíbles. Se enfoca a Philip K. Dick como un personaje psíquicamente afectado, prácticamente, desde el momento en que adquiere consciencia; se sobredimensionan sus aspectos excéntricos, hasta llegar a totalizar la vida de Dick; permanentemente desquiciado y desorientado, sólo permite intuir el corazón, el centro de su personalidad.

Imre Kertész


Su obra, sobre todo su novela Sin destino (Acantilado), que tardó 13 años en escribir y publicó en 1975, ofrece desde el punto de vista literario y testimonial una ventana única para observar el acontecimiento que define el siglo XX: el Holocausto.

Kertész era un muchacho de 15 años cuando fue deportado, en 1944, por la policía húngara al campo de exterminio alemán de Auschwitz, en Polonia. Cuando regresó a Hungría, halló el departamento de sus padres ocupado por extraños y se dio cuenta de que estaba totalmente solo, que toda su familia había sido engullida por la máquina de asesinar nazi.

Esa sensación de soledad ante el horror se encuentra en el corazón de la obra de Kertész, que recibió el premio Nobel de Literatura en 2002. Fiasco, Kaddish para un hijo no nacido, Liquidación o sus diarios, La última posada, cuya publicación tiene prevista en breve su editorial española, Acantilado, forman una obra no demasiado abundante, pero cuya intensidad, sabiduría y lucidez la convierten en uno de los monumentos literarios del siglo XX.

Kertész arrastra al lector a los recovecos del sistema de exterminio nazi sin usar apenas adjetivos, con unas descripciones precisas que se quedan grabadas en la memoria. Sus textos atrapan por su belleza literaria y por el espeluznante mundo que describen, por la forma en que nos obligan a reflexionar sobre el mal absoluto.

Kertész, que padecía Parkinson y había anunciado que dejaba la literatura, había regresado a Hungría en 2013, tras vivir durante años en Alemania, y se mostraba tremendamente crítico de la deriva autoritaria que padece su país con el gobierno de Viktor Orban. "Allí campan por sus fueros los antisemitas y la ultraderecha", dijo en una entrevista con este diario hecha por Adan Kovacsics, uno de sus traductores al castellano.

En aquella entrevista, de 2013, hablaba de un acontecimiento trascendental que ha marcado el final de su vida: la desaparición de los testigos, la conciencia de que su voz es una de las últimas que podrán contar en primera persona el Holocausto.

El escritor, como Elie Wiesel, otro judío húngaro deportado a Auschwitz, premio Nobel de la Paz, o Primo Levi, el químico italiano que sobrevivió a los campos y que acabó suicidándose, era consciente de que la importancia de su literatura iba más allá de las palabras, que debía ocupar un rol esencial en la sociedad.

"La esencia de mi obra consiste en trasladar lo ocurrido a una dimensión espiritual. Que quede en la conciencia, aunque ahora lo veo con menos optimismo que hace unos años. El Holocausto es el hundimiento universal de todos los valores de la civilización y una sociedad no puede permitir que se repita, que vuelva a presentarse una situación parecida. Pero la crisis económica, una crisis así, dio pie a la llegada de Hitler al poder. Por tanto, deberían sonar todas las alarmas. Pero no suenan. Lo cual quiere decir que el Holocausto no está presente en la conciencia de los políticos europeos", había señalado.

Sin destino, su obra magna, relata su vida con la estrella amarilla en el pecho en Budapest, su deportación a Auschwitz, el campo de trabajo y de exterminio en el que fueron asesinadas unas 1,1 millones de personas, su supervivencia a las marchas de la muerte tras el cierre del campo ante el avance soviético, su traslado a Buchenwald y su regreso a Hungría, donde se enfrentaría a un nuevo horror: la dictadura estalinista.

Cerca de la mitad de los judíos enviados a Auschwitz eran húngaros, unos 450.000, lo que demuestra la demencia asesina del régimen de Hitler, porque muchas de estas deportaciones se produjeron en 1944, con la guerra ya perdida. Ése es el escenario del horror industrial en el que transcurre el film El hijo de Saúl, que ganó este año el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y que está influido por la obra de Kertész.

En una de las últimas entrevistas que concedió, publicada en Le Monde en enero de 2015, explicaba que el momento crucial, en el que todo se decidía, eran "los primeros 20 minutos de la llegada al campo". Por eso, en Sin destino describe con tanta precisión la llegada a Auschwitz. Ese relato no es sólo uno de los pasajes cumbres de su obra, sino de toda la literatura del siglo XX: la confusión, las diferentes lenguas, la presencia de los SS, que se pasean aparentemente despreocupados, aunque supervisan la selección en la que se decide la muerte inmediata en las cámaras de gas o retrasada por el trabajo. Al bajar del vagón, un preso le pregunta si habla ídish -el dialecto de los judíos de Europa Oriental, cercano al alemán-, mientras que él esperaba poder entenderse en hebreo. Gracias a sus conocimientos de alemán, descubre que los presos quieren saber su edad. Cuando responde que tiene 15 años, le ruegan que diga que son 16. Seguramente esa conversación en medio del caos en una lengua que ni siquiera comprendía bien le salvó la vida.

Su obra va más allá de la esperanza. Es un inmenso relato de la capacidad de supervivencia de los seres humanos, de la recomposición de la moralidad basada en la conciencia de que cualquier horror es posible. En Sin destino escribe: "Tuve que reconocerlo: nunca habría podido explicar ciertas cosas de una manera exacta si me hubiera valido solamente de la esperanza, la norma, la razón, esto es, la lógica de las cosas y de la vida, por lo menos según mi experiencia vital".

Cuatro títulos de un sobrevimiente del Holocausto

Biblioteca básica para leer lo mejor del escritor húngaro

(1975) Sin destino

(1990) Liquidación

(2003) La última posada

(2016) Nombre Del libro

viernes, 5 de agosto de 2016

Thomas Bernhard


Dramaturgo y novelista austriaco nacido el 9 de febrero de 1931 en Heerlen, Holanda, y fallecido el 12 de febrero de 1989 en Gmunden. Su nombre completo es Nicolaas Thomas Bernhard. Pasó parte de su infancia en Viena y Seekirchen, trasladándose más tarde a Traunstein, en Baviera. El abuelo de Bernhard, el autor Johannes Freumbichler, intentó que Thomas recibiera una educación artística, incluyendo la música como algo importante en sus enseñanzas. Thomas estudió en Seekirchen y después en un internado Nacional Socialista que, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, pasó a pertenecer a la Iglesia Católica. Intentó desarrollar carrera como actor, pero acabó siendo uno de los escritores más influyentes de Austria. Una constante de su obra es la relación de amor-odio hacia su país.  Su obra completa está compuesta por diecinueve novelas y diecisiete obras teatrales, aparte de otros trabajos menores. 
Después de seguir estudios de música, se orientó hacia la literatura, y desde su primera novela, Helada (1963), desarrolló un universo nihilista habitado por personajes ferozmente autocríticos y autodestructivos. Hijo ilegítimo de un carpintero austriaco y de la hija del escritor Johannes Freumbichler, Bernhard vivió en casa de sus abuelos maternos hasta que su madre se casó. El marido de ésta no lo prohijó sino que pasó a ser únicamente su tutor. A los dieciséis años interrumpió sus estudios de bachillerato en Salzburgo y empezó a trabajar como aprendiz en un almacén de comestibles. Contrajo entonces una grave pleuresía que degeneró en una tuberculosis, enfermedad que padecería toda la vida. Pasó cuatro años ingresado en el sanatorio de Grafenhof (Salzburgo), donde comenzó a escribir.
Ya en 1943 empezó a tomar clases de música y a partir de 1952 estudió canto, dirección teatral e interpretación en el Mozarteum de Salzburgo. Paralelamente a sus estudios trabajó como reportero para el Demokratisches Volksblatt, en donde publicó también sus poemas. Realizó numerosos viajes, algunos con Hedwig Stavianicek, una mujer 37 años mayor que él que fue su mecenas y “el ser de su vida”.
Siempre lo acompañó la polémica: en 1983 fue secuestrada por orden judicial su obra Tala, a consecuencia de una querella del compositor G. Lampersberg. El escritor prohibió entonces la venta en Austria de su obra y no modificó su actitud hasta el año siguiente, en que Lampersberg retiró su demanda. El último gran escándalo lo produjo el estreno de su obra Plaza de héroes en 1988.
La gran producción de Bernhard puede dividirse en tres etapas: una fase religiosa, una fase intermedia más patética y una tercera, que se deriva de la anterior, en la que lo patético se expresa preferentemente a través de la ironía. Los primeros intentos líricos de Así en la tierra como en el infierno(1949) muestran un Bernhard que en la línea de Pascal busca a Dios. El infierno (Hölle) es la realidad terrenal que espera redención. “Negro es mi mensaje”, dice el yo lírico de estos poemas, una afirmación que se revelará válida para todo el opusbernhardiano.
El tono todavía conciliador con el mundo de estos poemas desaparece ya en el ciclo Ave Virgilio (1981), que compila las poesías de la década de 1970. El fervor religioso se convierte aquí en pura negatividad y ésta pasará a dominar su prosa. El primer resultado de este giro es la novela Helada (1963) con la que entra de lleno en el panorama literario contemporáneo. “El suicidio es mi naturaleza”, dice el pintor Strauch al estudiante de medicina que se ha desplazado a Weng, un pueblo situado en un valle, para observar la paranoia del artista.
La locura es presentada como la única respuesta posible en un mundo pervertido, falto de toda espiritualidad y sentido que, en la novela, está representado por el pueblecito rodeado de montañas, un espacio frío, malvado, enemigo del hombre, en donde sus habitantes han adoptado las características de la naturaleza. Los espacios que tradicionalmente la literatura ha escogido como idílicos, Bernhard los transforma en escenarios de delirio, en los que únicamente domina la ley de la muerte y la locura. Strauch es el primer artista (de los muchos que aparecen en la obra del autor) que vive alejado del mundo para sacar el máximo partido de su creatividad.
Sin embargo, está utopía de la soledad será constantemente negada. El intelectual, el artista, es un ser absolutamente ridículo, con una retórica repetitiva, hiperbólica y patética. Konrad, en La Calera(1970), lo ha abandonado todo para poder escribir un estudio sobre el oído; cuando ya está a punto para empezar a redactar, mata a su mujer y enloquece. Destinos comparables padecen los protagonistas de Corrección (1975) y Hormigón(1982). Paradójicamente, el valor de la producción artística y, en general del arte, es puesto en duda por un gran artista que, después de fantasear con su propia vida en los libros autobiográficos El origen(1975), El sótano (1976), El aliento (1978), El frío(1981) y Un niño (1982), queda libre para la ironía más feroz.
Uno de los componentes más destacables de la obra bernhardiana, especialmente de la dramática desdeUna fiesta para Boris (1970), es su musicalidad. Se trata de piezas casi escritas como para representar con marionetas que actúan como repetitivos altavoces de distintas posiciones. Más que dramas son libretos escritos para actores admirados por el escritor, como Minetti. Entre sus títulos más importantes se hallan La fuerza de la costumbre(1974), La partida de caza (1974), Ante la jubilación(1979), Almuerzo en casa de Ludwig W (1984) y la última, Plaza de héroes (1988) en la que arremete de nuevo contra la Austria católica y nacionalsocialista.
Toda su obra, cargada de ironía y acidez, se caracteriza por su manifiesto pesimismo sobre el género humano y la sociedad contemporánea, y su obsesión por la muerte y la autodestrucción. Con su país, Austria, mantuvo durante toda su vida una especial relación de amor-odio que se extendió más allá de su muerte.
Thomas Bernhard murió el 12 de febrero de 1989, hacia las siete de la mañana, en su piso de Gmunden (Lerchenfeldgasse 11). Incorporado a medias (hacía tiempo que se asfixiaba cuando estaba echado) y con un vaso de mosto (de sus propias viñas) en la mano. Hasta el último momento lo acompañó su hermano y médico de cabecera, Peter Fabjan, con quien estuvo hablando casi toda la noche.
Siguiendo sus deseos, fue enterrado en el cementerio de Grinzing (Viena), el día 16, en la mayor intimidad (sus hermanos y Emil Fabjan), y sólo entonces se dio a conocer la noticia de su muerte, que tuvo una gran repercusión en la prensa de muchos países. Dejó expresa su última y sorprendente voluntad: prohibió durante la vigencia de sus derechos de autor (setenta años) toda representación, publicación o impresión de su obra en Austria. Sus restos reposan en una tumba sin nombre por deseo expreso.
Obras

Hambre grande, inconcebible (relato) (1954) 
El porquero (relato) (1956)
Así en la Tierra como en el Infierno (poesía) (1957)
La montaña (teatro) (1957)
Köpfe (libreto de ópera de cámara con música de Gerhard Lampersberg) (1957)
Die Rosen der Einöde (libreto para cinco piezas, música de Lampersberg) (1957)
In hora mortis (poesía) (1958) 
Bajo el hierro de la luna (poesía) (1958) 
Acontecimientos (microrrelatos) (1959) 
En las alturas (capítulo de novela inacabada) (1959)
Ave Virgilio (poesía) (1959-60) 
Los locos.Los reclusos (poesía) (1962) 
Amras (novela corta) (1963) Alianza Editorial (1987) Helada (novela) (1963)
El italiano.Fragmento (guion para un film de Ferry Radax) (1963) 
El crimen del hijo de un comerciante de Innsbruck (relato) (1965) 
Un joven escritor (relato) (1965) 
Víctor Seminecio (relato) (1966) 
Trastorno (novela) (1966) 
La gorra (relato) (1967) 
En la linde de los árboles (relato) (1967) 
Ungenach (novela corta) (1968) 
La calera (novela) (1970) 
Una fiesta para Boris (teatro) (1970) 
Andar (relato) (1971)
Midland en Stilfs (relato) (1971)
El ignorante y el demente (teatro) (1972) 
La fuerza de la costumbre (teatro) (1973)
La partida de caza (teatro) (1973) 
Corrección (novela) (1974) 
El presidente (teatro) (1975) 
El origen (autobiografía I) (1975)
Los famosos (teatro) (1975) 
El sótano (autobiografía II) (1976) 
Minetti (teatro) (1976)
Immanuel Kant (teatro) (1978) 
El aliento (autobiografía III) (1978) 
Sí (novela) (1978) 
85) 7 dramolette: Un muerto, El mes de María… (teatro) (1978-81) 
Ante la jubilación (teatro) (1979) 
El reformador del mundo (teatro) (1979)
Los comebarato (novela) (1980)
La paz reina en las cumbres (teatro) (1981) 
En la meta (teatro) (1981)
El frío (autobiografía IV) (1981) 
Goethe se mmmuere (relato) (1982) 
Un niño (autobiografía V) (1982) 
Hormigón (novela) (1982)
El sobrino de Wittgenstein (1982) 
El malogrado (novela) (1983) 
Las apariencias engañan (teatro) (1983) 
El hombre de teatro (teatro) (1984)
Tala (novela) (1984) 
Ritter, Dene, Voss (teatro) (1984) 
Maestros antiguos (novela) (1985) 
Simplemente complicado (teatro) (1986) 
Extinción (novela) (1986)
3 dramolette: Claus Peymann deja Bochum y se va a Viena… (teatro) (1986-87)
Elisabeth II (teatro) (1987) 
La plaza de los héroes (teatro) (1988) 

Émile Zola (1840 - 1902)

Novelista francés, principal figura del naturalismo literario. Hijo de Francesco Zola, ingeniero emigrante italiano, y de Émilie Aubert, proveniente de la pequeña burguesía francesa, pasó su infancia en Aix-en-Provence y estudió en el colegio Bourbon. Fue compañero de Paul Cézanne, con quien mantuvo una sólida amistad, y tomó contacto con la literatura romántica, especialmente con la narrativa de Victor Hugo y la poesía de A. De Musset, su favorito.

Al morir su padre en 1847, se trasladó a París junto a su madre y continuó sus estudios en el instituto Saint-Louis. Tras fracasar en su examen de graduación, en 1859 consiguió un empleo administrativo en una oficina de Aduanas y en 1862 empezó a trabajar para el departamento de publicidad de la editorial Hachette. Se interesó por la poesía y el teatro, y colaboró para periódicos como Le Figaro, Le Petit Journal y Le Salut Public.


Sus primeros libros publicados fueron un conjunto de relatos titulados Cuentos a Ninon (1864), y una novela autobiográfica con influencia del romanticismo, La confesión de Claude (1865). Escribió dos obras de teatro que no fueron representadas, La fea (1865) y Magdalena (1865), y en 1866 fue despedido de Hachette. Comenzó a trabajar como cronista literario y artístico en el periódico L'Événement, y publicó los trabajos de crítica pictórica Mis odios (1866) y Mi salón(1866), donde hizo una enérgica defensa de Manet, cuestionado en esa época por los sectores académicos.

A partir de ese momento se dedicó por completo a escribir, se alejó paulatinamente del romanticismo y sintió afinidad con el movimiento realista y el positivismo. Aplicó su experiencia periodística en Los misterios de Marsella (1867), una novela folletinesca, y publicó su primera obra importante, Teresa Raquin (1867), con la que ganó cierto prestigio en el ambiente literario.

Con la novela Madeleine Férat (1868) fue consolidando su estilo, y la lectura deIntroducción a la medicina experimental, de Claude Bernard, lo inspiró para concebir un conjunto de novelas escritas "con rigor científico", donde quería relatar la historia natural de varias generaciones de una familia bajo el Segundo Imperio.

Así nació la monumental serie Los Rougon-Macquart, integrada por 

La fortuna de los Rougon (1871), 
La ralea (1871), 
El vientre de París (1873), 
La conquista de Plassans (1874), 
La caída del Abate Mouret (1875), 
Su excelencia Eugène Rougon(1876), 
La taberna (1877), 
Una página de amor (1878), 
Naná (1879), 
Lo que se gasta (1882), 
El paraíso de las damas (1883), 
La alegría de vivir (1884), 
Germinal(1885), 
La obra (1886), 
La tierra (1887), 
El sueño (1888), 
La bestia humana(1890), 
El dinero (1891), 
La derrota (1892), y 
El Doctor Pascal (1893).

En los treinta y un volúmenes que comprenden las veinte novelas trazó la genealogía de más de doscientos personajes y sus textos fueron tan elogiados como criticados. Recibió duros cuestionamientos por parte de escritores católicos como M. Barrès, L. Bloy y B. d'Aurevilly que veían en el carácter positivista de su obra signos de decadencia, dogmatismo y una "absoluta carencia de espiritualidad".

Su obra ensayística comprende volúmenes teóricos sobre el naturalismo, como 

La novela experimental (1880), 
El naturalismo en el teatro (1881),
Nuestros autores dramáticos (1881), 
Los novelistas naturalistas (1881), 
Documentos literarios(1881), y 
Una campaña (1882); 

así como textos de crítica y polémica, entre los que destacan 

Viaje de vuelta (1892), 
Nueva campaña (1897), y fundamentalmente
¡Yo acuso! (1898), 

un extenso artículo dirigido al Jefe de Estado francés y publicado originalmente en el periódico L'Aurore, donde defendió la inocencia del capitán de origen judío A. Dreyfus, acusado de alta traición a la patria por los militares antisemitas.

El efecto causado por su participación en el Caso Dreyfus lo posicionó como líder de las fuerzas progresistas (republicanos y socialistas) que reclamaron al gobierno derechista la defensa de los derechos humanos en la República. El gobierno, apoyado por los partidos conservadores, el ejército nacionalista y la Iglesia Católica, lo acusó por injurias y lo persiguió, por lo que se exilió en Inglaterra hasta que se demostró la inocencia definitiva de Dreyfus y el complot militar.

En 1899 volvió a París y pudo ver indultado a Dreyfus, y el 29 de septiembre de 1902 murió asfixiado por la defectuosa combustión de una chimenea, hecho que suscitó muchas sospechas dadas las reiteradas amenazas de muerte que había recibido.

Su influencia sobre las generaciones posteriores de escritores no fue sólo literaria, ya que su actitud de involucrarse tanto en la literatura como en la realidad social se transformó en un paradigma del escritor comprometido y dominó la escena cultural de occidente hasta la década de los 70. 

También es autor de las series Las tres ciudades, compuesta por 

Lourdes (1894), 
Roma (1896) y 
París (1898), 

Los cuatro evangelios, integrada por 

Fecundidad (1899), 
Trabajo (1901), 
Verdad(póstuma, 1903) y 
Justicia (inacabada).