viernes, 4 de noviembre de 2016

El Círculo de Bloomsbury


El círculo de Bloomsbury es un conjunto de intelectuales británicos que durante el primer tercio del siglo XX destacaron en el terreno literario, artístico y social. Eran un grupo básicamente formado por amigos y de familiares, que compartían una especial sensibilidad respecto al arte. Compartían así mismo, una visión muy progresista y moderna de lo que eran ciertos pensamientos avanzados para su época, como el feminismo, la libertad sexual o el pacifismo.
Si algo tenía en común un grupo tan heterogéneo era un gran desprecio por la religión, si bien también compartían toda la reacción contra la moral victoriana y el realismo del siglo XIX. Propugnaron especialmente la independencia de criterio y el individualismo esencial. Aunque no tenían una afiliación política concreta como grupo, se acercaban al pensamiento liberal, y miembros como Virginia Woolf fueron activistas respecto al sufragio de la mujer entre otras cosas.
Este grupo de hombres y mujeres se formó gracias al impulso que realizaron los cuatro hermanos Stephen: Adrian, Thoby, Vanessa y Virginia (las dos féminas conocidas sobre todo por sus apellidos de casada: Bell y Woolf, respectivamente). El hecho de que cuatro de los integrantes del Círculo de Bloomsbury fuesen hermanos y sumado a que los cónyuges de Virginia y Vanessa también pertenecían al grupo (el escritor Leonard Wolf y el crítico de arte Clive Well) y otros participantes tenían parentesco entre ellos (Lytton Strachey era primo de Duncan Grant y éste a su vez amante de Adrian Stephens), hacía que se considerase como una sociedad casi familiar.
Todos provenían de los mismos círculos sociales, niños bien, educados en las mejores escuelas, mentes inteligentes que lejos de dedicarse al disfrute de la vida social de su clase, encontraban interesante el reunirse a reflexionar sobre la existencia y la sociedad. Eran humanistas ilustrados que basaban su vida y sus creencias en la libertad total de criterio y la independencia individual. Mantenían eternas discusiones respecto a la encorsetada sociedad burguesa, los convencionalismos victorianos y la represión ejercida desde la iglesia y la religión.
Se designó así tomando el nombre del barrio de Londres que rodea al Museo Británico y donde habitaba la mayor parte de sus integrantes, que comenzó a reunirse en torno a 1907 en casa de la escritora Virginia Stephen (después Virginia Woolf) y de su hermana Vanessa, casada con el crítico de arte Clive Bell. Casi todos los miembros masculinos del grupo, entre los que destacaban Leonard Woolf, el futuro marido de las escritora, habían tenido una formación en el Trinity College de Cambridge o en el King’s College.
Antes de pertenecer o afiliarse al grupo Bloomsbury estos intelectuales eran en su mayor parte miembros de la sociedad secreta denominada los apóstoles de Cambridge, que era lo que podríamos considerar como un grupo de debate. Muchos de ellos publicaron en la editorial Hogarth Press que crearon Virginia y su marido Leonard Woolf.
Se dice que el grupo de Bloomsbury conmenzó con unas reuniones en casa de Clive Bell, ya casado con Vanessa Stephen en su casa de Londres, el Friday Club, que al convertirse en reuniones regulares acabaron derivando en lo que hoy conocemos como el grupo de Bloomsbury.
Integraron el grupo la escritora Virginia Woolf, su esposo, Leonard Sidney Woolf, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, los críticos de arte Roger Fry y Clive Bell, el economista John Maynard Keynes, el sinólogo Arthur Waley, el escritor Gerald Brenan, el biógrafo Lytton Strachey, el crítico literario Desmond MacCarthy, el novelista y ensayista Edward Morgan Forster, la escritora Katherine Mansfield y los pintores Dora Carrington, Vanessa Bell y Duncan Grant. En el terreno artístico sustentaron una gran admiración por Paul Gauguin, Vincent Van Gogh y, especialmente, Paul Cézanne, cuyo influjo fue determinante en el caso de Grant y Bell.
Unidos por su amor al arte, y por su amor entre ellos, algo muy comentado dentro de este grupo; tenían un aire idealista. Se dice además que estaban muy influenciados por el filósofo G. E. Moore y su libro Principia Ethica que clamaba que las claves de la vida eran el amor, la creación y disfrutar del gusto estético como vehículo para alcanzar el conocimiento.
Que no tuvieran un dogma común y que se caracterizasen por la libertad y la flexibilidad de sus reuniones no quiere decir que no tuvieran discusiones internas y desavenencias, especialmente por los variados y esporádicos encuentros amorosos y sexuales entre muchos de los miembros del grupo, que acabaron en muchos triángulos amorosos. Pero era precisamente esto lo que de alguna manera estimulaba intelectualmente al grupo, y de las “rencillas” grupales, acababan saliendo muchas inspiraciones que terminarían en trabajos individuales de los miembros.
Debido a sus tendencias artísticas, y su ideal estético y artístico, y teniendo como base fundamental el amor, se desvincularon bastante de las rígidas normas de la sociedad victoriana inglesa, haciendo de su grupo un verdadero nicho de un mundo ideal. Las inclinaciones y actividades del grupo son muy variadas, pero, fundamentalmente se podrían resumir en dos: la vertiente literaria, que incluye la producción de ensayos, ficción, edición, e intervención política, y la artística, que se concentra en las artes plásticas: pintura, escultura, diseño, decoración.
Si hay una cosa realmente curiosa del grupo de Bloomsbury es como ninguno de ellos gozaron de mucha fama durante su vida, y si la tuvieron, fue en los últimos años. La mayoría de ellos eran estudiantes, y además, con los pensamientos tan progresistas que tenían que en su época eran literalmente tachados de radicales, muchos de sus elucubraciones intelectuales nunca llegaron a ser populares.
La primera guerra mundial, tuvo cierto impacto sobre el grupo, del cual todos los miembros estaban en contra. Después de su finalización y sobre todo a medida que avanzaba la década de los años 20 y los años 30, el grupo de Bloomsbury empezó a diluirse y a mezclarse con la escena intelectual y artística inglesa tanto en Londres como en Cambridge y Oxford.

jueves, 3 de noviembre de 2016

"M Train" de Patti Smith


“M Train” es el segundo libro de memorias de Patti Smith. Si el primero giraba en torno a su relación con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, “M Train” es un mapa de carreteras de su vida, que es evocada a través de dieciocho tiendas de café y cafeterías que ha frecuentado a lo largo de la misma.
El libro se inicia en el Cafe Ino del Greenwich Village. En la foto de la portada, aparece Smith en su mesa favorita de este café. Partiendo de ese pequeño café (donde acude cada mañana) «M Train» invita a un viaje que fluye entre los sueños y la realidad, mezclando tiempos y pasando por México, Berlín o Michigan, así como por el recuerdo de Fred Sonic Smith, el músico con el que se casó y que falleció en 1994. Mezcla de diario de viaje con investigación de su intimidad, también tiene algo de género epistolar, diario, entusiasmo de fan y fotografías sacadas por ella misma.
En 2010 Patti Smith editó "Eramos unos niños", su primer libro de memorias, donde contaba su temprana juventud en una Nueva York mítica que ya no existe. El libro fue un éxito de ventas y de crítica. Aquel libro era el recuerdo entrañable y notablemente lírico de su amistad juvenil con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, no la historia de toda su relación hasta la muerte de Mapplethorpe en 1989, sino la de los días de dorada pobreza en los que ambos eran unos recién llegados a Nueva York.
"Escribí 'Cuando éramos niños' porque Robert (Mapplethorpe) me lo pidió antes de morir y tenía esa gran responsabilidad con él, con nuestra relación, con Nueva York y con la cronología de los hechos, pero esta vez quería hacer algo diferente, en tiempo presente y de forma irresponsable, sin un diseño o trama previos", explica. Patti quería ver qué pasaría si escribía cada día y se felicita en ese sentido por cómo fueron "desplegándose" ante ella lo que llama los "patrones" de su vida, como su marido o el proceso mismo de envejecer.
Como se percibe en sus páginas, sin apenas referencias musicales, es la literatura la disciplina que juega un "papel central" en su prolífica producción artística, que incluye también la pintura y la fotografía. "No pienso en mí misma como un músico, sino como intérprete. No toco música y, si no estoy sobre un escenario, no pienso en ella. Cuando dejé la vida pública en 1979, no toqué durante más de 16 años, pero sí escribí cada día. Por eso pienso en mí más como escritora", ratifica.
«No es tan fácil escribir de nada», advierte Patti Smith en el arranque de «M Train». Pero a sus 68 años la «madrina del punk», demuestra que aún tiene mucho que decir. “M Train” es una especie de tren mental, con la imaginación se puede ir a cualquier parte, no se tiene fronteras, a través de la trinidad de la memoria (pasado, presente y futuro) se va a cualquier sitio del mundo, cualquier mundo en el universo.
Patti Smith crea asi un singular y bellísimo libro de memorias en el que revisita las cafeterías que más ha frecuentado a lo largo de los años y que convertía en lugares de creación. Su vida de poeta, dramaturga, cantante, artista y peregrina se revela aquí como si se tratara de un mapa de carreteras.
Gracias a una prosa que fluye sin contrastes de los sueños a la realidad acompañamos a la autora en sus viajes, entramos en la Casa Azul de Frida Kahlo en Mexico, visitamos las tumbas de Genet, Plath, Rimbaud o Mishima, somos testigos de su relación con Robert Mappelthorpe, y recordamos su matrimonio con el guitarrista Fred Sonic, la retirada de los escenarios para dedicarse a su familia y su vuelta triunfal al mundo de la música.
“M Train” se basa en sus diarios escritos en todos los cafés del planeta, donde sus conciertos han tenido lugar. Cada mañana busca una cafetería, no importa la ciudad en la que esté, pide un café negro, luego saca su diario y empieza a escribir o a describir sus vivencias y pensamientos. Por ello, este viaje se inicia en Greenwich Village, en el bajo Manhattan, en la “capital bohemia” de la ciudad de NY donde sus sueños comenzaron a convertirse en realidad. Así, de café en café, sus reflexiones y recuerdos van tomando vida en una hermosa mezcla entre Rimbaud, Mishima y Plath.
A través de 18 de sus cafeterías habituales Patti Smith revela su vida de poeta, dramaturga, cantante, artista, viuda y peregrina. M Train es un libro de memorias, pero también abreva en las tradiciones de la crónica de viaje, el género epistolar y el diario íntimo. En definitiva, cuando levanta vuelo a partir de las anécdotas y las historias que encuentra en su camino, su prosa se inscribe en la mejor literatura.
M Train atraviesa los continentes: América, Europa, África, Asia. Y, al final pasa largas horas sentada a la mesa de su lugar en el mundo, el Café Ino, leyendo o escribiendo. Ahí empieza y casi también termina el libro, cuando el Café Ino baja su persiana para siempre y su dueño le regala a la parroquiana más fiel la misma silla que tantas veces ocupó, en el mismo rincón de siempre.

martes, 1 de noviembre de 2016

Diarios 1947-1954 de Jack Kerouac



El diario de Jack Kerouac entre 1947 y 1954 (subtitulado Un mundo llevado por el viento) incluye dos libros muy distintos.
El primero está dedicado a la escritura de “El pueblo y la ciudad” , extensa novela dedicada a Lowe, la ciudad natal de Kerouac, más bien naturalista y muy distinta del resto de su obra. Es cronológico y mezcla las dudas y seguridades de alguien que aún no ha publicado, con los incontables detalles de su vida cotidiana. Vive en ese entonces con la madre (Memère), en Ozon Park (una zona de Queens), trabaja como un galeote en su novela (registrando el número de páginas que va escribiendo). Como descanso viaja a la cercana Manhattan, donde lleva una vida de reuniones, borracheras y relaciones sexuales y/o sentimentales. El 9 de septiembre de 1948 dice por fin claramente: "El libro está terminado", y el diario sobre él termina.
El segundo abarca el proceso de escritura de En el camino de un modo más inestable. No sólo porque viaja, interviene como cómplice para ocultar el arma en el asesinato que ejecuta su amigo Lucien Carr, y se casa (para salvarse de la cárcel). Por otra parte se desplaza una y otra vez por el mapa, con la presencia repetida de Neal Cassady. Además recala unos meses en Denver, a la espera de su familia, y apunta detalles abundantes sobre dicho territorio. "Tengo otra novela en mente," escribió en agosto de 1948, "En el camino, sobre la que no paro de pensar: dos tipos haciendo autoestop hasta California en busca de algo que no encuentran y perdiéndose a sí mismos en el camino, regresando con una esperanza de algo más".
La principal leyenda que demuelen ediciones como la de los Diarios o la de las Cartas con Ginsberg es el supuesto puro flujo espontáneo con que Kerouac habría escrito En el camino en tres semanas, representado a la perfección por el "rollo" ininterrumpido de papel que sería el único original "fiel", con los nombres propios reales. En los diarios, la escritura de En el camino tiene numerosas instancias previas y se va construyendo de a poco, con varios cambios de dirección.
Una contradicción permanente, un movimiento a veces simultáneo de atracción/rechazo aparece con sus compañeros más cercanos. Además de amigos como Lucien Carr (quien había matado hacía un tiempo a David Kammerer, lo que puso en aprietos legales a Kerouac) o John Holmes, veía a menudo a Allen Ginsberg o a William Burroughs, dos pesos pesados. Pero a veces le costaba: “Acabé envuelto en una discusión sin sentido con Burroughs y Ginsberg, sobre psicoanálisis y "horror", y me perdí el partido de fútbol. Ellos todavía siguen embalados con las mismas cuestiones de hace un año, o dos. A todos nos gusta cocernos en el mismo caldo año tras año, incluso a mí”.
Más adelante se centra en Ginsberg: "él intenta hacerse el avispado, hasta que lo acapara la tristeza y habla sin argucias intelectuales". Ya en 1948 se pregunta cómo puede ayudar a un hombre que nunca se detiene y nunca quiere descansar, y siempre lo acusa "de estúpido porque a mí me gusta descansar de vez en cuando y porque me siento bien conmigo mismo ocasionalmente, y porque creo en el trabajo, y me gustan las cosas y la gente de vez en cuando. Algún día me quitaré mi máscara y lo diré todo sobre quién es Ginsberg en realidad". A lo largo de los diarios, Kerouac deja entrever esta relación de amor-odio hacia Allen Ginsberg y un cinismo generalizado hacia todo lo que representaba la generación beat que él mismo ayudó a definir.
En cuanto a Burroughs, era el mayor de ellos, el más extraño, una especie de "tío raro", y lo veían con mayor respeto incluso por sus experiencias extremas (como haber matado a su pareja de un tiro, jugando a ser Guillermo Tell). De todos modos, reconoce que se siente más cómodo con John Holmes: "No me siento conscientemente involucrado con él como con Burroughs, digamos, (a quien le temo), y le temo a Burroughs porque él me teme a mí".
Sin discusión “la mujer” en la vida de Kerouac fue la madre, que lo acompañó hasta el final y con quien hablaba a menudo.
A Kerouac lo obsesiona encontrar a la mujer de su vida con la que tener hijos y formar una familia. Vivir en un lugar tranquilo y dedicarse de por vida a escribir. Su madre, Gabrielle-Ange Lévesque, no lo deja en paz. Ni en sus pensamientos ni en sus actos. La piensa todo el tiempo. Ella es influyente. No quiere que se junte con determinados amigos: Allen Ginsberg, Neal Cassady, John Clellon Holmes, Herbert Huncke y William S. Burroughs no son buena compañía.
A final termina dándole la razón a su madre: “He sido necio, mentiroso y presumiblemente débil al fingir que era amigo de todas estas personas -Ginsberg, Joan, Carr, Kammerer, algunos otros también- cuando desde siempre todos hemos sabido que nos caemos mal y que estamos gesticulando sin pausa en una comedia de malicia”.
Descontento y cargado de dudas, inclemente consigo mismo, Kerouac llega a aborrecer su propia condición de hombre blanco y escribe: "Lo que me ofrece el mundo blanco no es suficiente para mí. Desearía ser un negro, cualquier cosa menos un hombre blanco desilusionado por lo mejor de su propio mundo blanco. Desearía cambiarme por los negros de América, felices, auténticos y estáticos". Más adelante, llega a decir que "el futuro de América reside en los negros".
Los diarios incluyen bastante material sobre mujeres, desde relaciones complejas (como el triángulo con Neal Cassady y Louanne, o luego con Carolyn Cassady e hijos) hasta pasiones (e idealizaciones salvajes) sucesivas. A veces con momentos violentos, como cuando Neal muele a golpes a Louanne, ante él y Lucien Carr, y comenta: "Estoy desilusionado, pero interesado en este salvajismo de Neal".
La relación de Kerouac y Cassady es la historia de la atracción irresistible del escritor hacia un vividor que a los 18 años había estado tres veces en el reformatorio y robado 500 coches. Cassady se convirtió en el verdadero motor de un fenómeno cultural influenciado por el movimiento dadá, Gertrude Stein, E.E. Cummings, Henry Miller, el panteísmo de Walt Whitman y el pensamiento de Thoreau. En febrero de 1968, Cassady fue encontrado sin vida junto a la vía del ferrocarril, a consecuencia de una mezcla de drogas y alcohol. Había pasado dos años en la prisión de San Quintín y recorrido el país en autobús junto a Ken Kesey, repartiendo ácido gratuitamente.
Totalmente alcoholizado, Kerouac le sobrevivió 21 meses. Murió el 21 de octubre de 1969, a los 47 años de edad, de una hemorragia abdominal masiva, consecuencia de sus excesos con el alcohol, pero su carrera hacia la autodestrucción había comenzado mucho antes. Nunca despertó de la operación a la que fue sometido para detener la hemorragia producto de una cirrosis.
Los diarios (más de 200 volúmenes) fueron mantenidos bajo llave en una bóveda en Lowell, Massachusetts, por estrictas instrucciones de la viuda de Kerouac, quien pidió que los manuscritos no vieran la luz hasta después de su muerte, que ocurrió en 1990.